27 de febrero de 2017

LA FLOR DE MI SECRETO
(Esp) El Deseo / Ciby 2000, 1995. 104 min. Color.
Pr Ej: Agustín Almodóvar. G: Pedro Almodóvar, inspirado libremente en el relato corto "The lovely leave" de Dorothy Parker. Ft: Affonso Beato. Mt: José Salcedo. DA: Wolfgang Burmann. Vest: Hugo Mezcua. Ms: Alberto Iglesias (y grabaciones de Chavela Vargas, Miles Davis, Bola de Nieve y Caetano Veloso). Dr: Pedro Almodóvar.
Int: Marisa Paredes, Juan Echanove, Carmen Elías, Rossy de Palma, Chus Lampreave, Imanol Arias, Joaquín Cortés, Manuela Vargas, Kiti Manver, Jordi Mollà, Nancho Novo, Gloria Muñoz, Juan José Otegui, Alicia Agut.
Leo Macías (Marisa Paredes) escribe novelas rosas pero su vida personal tira hacia el negro.
Leo se siente perdida. Además, le oprimen los botines que le regaló su ausente marido.
En la calle pide a un yonqui que intente quitárselos, pero no resulta tan fácil.
De visita en la editorial que publica sus novelas, es instada por Alicia (Gloria Muñoz) y Tomás (Juan José Otegui) a que no se desvíe de la línea y el estilo que impone el contrato que firmó con ellos.
Las cosas le van tan mal a Leo que no se siente con fuerzas para continuar
escribiendo estúpidas historias románticas.
El inesperado regreso de su esposo Paco (Imano Arias), militar de la OTAN, la saca
de sus marasmo y la felicidad parece volver a ella.
Él se comporta con escaso entusiasmo pese a los besos que le arranca su esposa.
 Además, anuncia que su permiso es solo de veinticuatro horas.
La euforia inicial que inspira a Leo la presencia de su marido va tornándose en inquietud
y angustia por el humillante trato que la infiere.
Ella: "¿Existe alguna posibilidad por pequeña que sea de salvar lo nuestro?"
El mundo de Leo se viene definitivamente abajo.
SINOPSIS: Leo es una mujer que bajo el seudónimo de Amanda Gris, ejerce como escritora de novelas rosas. Vive sola, en perpetua tensión y zozobra por la continuada ausencia del marido, un militar de la OTAN que utiliza sus viajes a Bruselas y Bosnia como pretexto para mantenerse alejado de ella mientras se decide a revelar su intención de abandonarla. Durante una breve escala en el hogar y tras una estúpida discusión, así se lo hace saber. La brutal confirmación de su fracaso matrimonial y el descubrimiento de que su mejor amiga es la amante de su marido, precipita a Leo en un estado de desesperación del que a duras penas logrará emeger con la paciente ayuda de un comprensivo periodista que le ofrece su resignada amistad.
Betty (Carmen Elías) es la mejor amiga de Leo. Aquí la vemos charlando con
Manuela (Kiti Manver) durante el rodaje de un spot médico.
Finalmente, Betty confiesa a Leo que desde hace años es la amante de su marido.
Rosa (Rossy de Palma) es la hermana de Leo. Vive en Parla con la madre.
La madre de Leo (Chus Lampreave) es una anciana que se siente desubicada
y vive anclada en la nostalgia. Su relación con Rosa es conflictiva.
La visita de Leo alegra a su madre. Durante la velada le confiesa que desearía regresar a su pueblo manchego, volver a pisar sus calles y ver de nuevo a sus antiguas vecinas.
Todos acuden a ver la inesperada actuación de Blanca, la criada de Leo, y descubren
maravillados que es una gran bailarina flamenca retirada de los escenarios.
La aparición de Ángel (Juan Echanove) en la vida de Leo es providencial. Dirige un diario de gran tirada y le ofrece la oportunidad de escribir en la sección cultural de su periódico. Ella exige hacerlo con seudónimo.
El interés sentimental del bueno de Ángel por nuestra baqueteada Leo comienza
a resultar evidente. No obstante, ella no es consciente de ese sentimiento.
De madrugada, en la Plaza Mayor, con unas copas de más, Ángel se decide a
confesar su amor por Leo.
"Bésame. Si es Nochevieja quiero sentir el contacto de la carne humana... y tú eres
la única carne que hay por aquí".
COMENTARIO: Ya entonces, después de “TACONES LEJANOS” y “KIKA”, la evolución de Pedro Almodóvar le empujaba a asumir nuevos riesgos, sin permitir que nos acomodáramos en sus identificables formas. En obras anteriores, el autor cedía siempre a esa tendencia suya a la dispersión y superposición de temas y subtramas como guarnición del nucleo argumental, que sin duda servían para “enriquecer” la película pero que, por otro lado, restaban concentración y fuerza a sus trabajos. Sin embargo, en la película que ahora nos ocupa, alcanza el punto de madurez que le otorga un fascinante dominio del lenguaje fílmico, optando sabiamente por un estilo de depurada desnudez, es decir, cada plano contiene los ingredientes y pinceladas imprescindibles en perfecta modulación (elementos del decorado, colores, diálogos, duración del plano), eliminando el polvo y la paja de un guión muy bien construido, en un difícil ejercicio de funambulista, a gran altura y sin red. A este respecto (es solo un apunte), quizá me sobre la breve escena inicial con los doctores interpretados por Jordi Mollà y Nancho Novo.   
En “LA FLOR DE MI SECRETO”, un denso, intenso y calibrado melodrama femenino, el realizador habla de muchas cosas y lo hace con delicadeza, pasión contenida, trasplantando sus entrañas al personaje de Leo (magistral Marisa Paredes), una mujer fragmentada, solitaria (por abandono), víctima del desamor, de la traición y el engaño, que camina hacia la locura mientras se desdobla en Amanda Gris, escritora de novelas rosas y en Paz Sufrategui, su atacante desde las columnas de “El País”, antes de aceptar la cálida protección, el amor de “amiga” de Angel, el periodista que la pretende.
Sin duda, hasta ese momento estábamos ante la más precisa, nítida y a la vez compleja obra del autor de “ÁTAME” en la que, una vez más, debemos destacar el portentoso trabajo llevado a cabo con su troupe de intérpretes, de los que sabe extraer los más sutiles, informativos y emocionantes registros. Todos están magistrales, incluyendo a Juan Echanove, en principio una sorprendente pero justificable elección como “pareja imposible” de Marisa Paredes (otro actor, por bien que hubiera estado, no habría servido para los propósitos del director) y que junto a ella, en la secuencia final, aprovecha Almodóvar para rendir un hermoso homenaje a “RICAS Y FAMOSAS”, el postrero film de George Cukor.

29 de enero de 2017

MANHATTAN
(USA) United Artists / Rollins-Joffe, 1979. 96 min. BN. Panavision.
Pr Ej: Robert Greenhut. Pr: Charles H. Joffe y Jack Rollins. G: Woody Allen y Marshall Brickman. Ft: Gordon Willis. Mt: Susan E. Morse. DP: Mel Bourne. Vest: Albert Wolsky. Ms: George Gershwin. Dr Ms: Tom Pierson. Dr: Woody Allen.
Int: Woody Allen, Diane Keaton, Michael Murphy, Mariel Hemingway, Meryl Streep, Anne Byrne, Karen Ludwig, Wallace Shawn, Michael O'Donoghue, Tisa Farrow, Gary Weis, Kenny Vance, Helen Hanft, Wallace Shawn, Karen Allen, David Rasche, Frances Conroy.
La película se abre (y se cierra) con bellísimas panorámicas de Manhattan.
Jill (Meryl Streep) se ha divorciado de Isaac (Woody Allen) para unirse sentimentalmente a Connie en un regreso a su homosexualidad.
Jill, además de despreciar a su ex marido, piensa escribir un libro donde contará todas
las intimidades de su fracasado matrimonio.
La idea de que Jill plasme en las páginas de ese libro todos los trapos sucios de
su relación con ella, le produce un cierto pánico.
Isaac se siente humillado por el abandono de su esposa en beneficio de otra mujer, esa Connie (Karen Ludwig) que ahora ocupará su lugar y ejercerá como nuevo "padre" de su pequeño hijo.
Isaac mantiene ahora una relación sentimental con Tracy (Mariel Hemingway), una adolescente de diecisiete años, y aquí le vemos paseando con su amigo Yale (Michael Murphy) y la amante de éste, Mary (Diane Keaton).
En un primer momento, Mary le parece a Isaac una pedante insoportable pero pronto ambos comienzan a congeniar cuando ocasionalmente salen juntos a petición de Yale que ha de permanecer con su esposa a la que -cobardemente- oculta esa relación extraconyugal.
Nuestro inteligente y parlanchín Isaac conversando con Tracy en un restaurante.
Tracy, candorosa y enamorada, parece que le ama de verdad pero él, a causa de la diferencia de edad, no se toma muy en serio los sentimientos de la muchacha.
Entre animadas conversaciones y sesiones de cama, se divierten juntos y viven el momento.
Isaac reprocha a su amigo Yale (fuera de campo) su basculante indecisión entre su esposa y Mary.
SINOPSIS: Un guionista de televisión con momentáneo éxito profesional ve cómo su segunda esposa le aban­dona para iniciar una relación lésbica con otra mujer. Intentando recuperar el equilibrio emocional y rehacer su vida sentimental, nuestro hombre mantendrá relaciones simultáneas con una adolescente de diecisiete años enamorada de él y con la amante de su mejor amigo, una sofisticada seudointelectual. Final­mente tendrá que decidirse por una de las dos.
Cuando Mary comprende que su clandestina relación con Yale no va a ninguna parte y no deseando además ser la responsable de la ruptura de un matrimonio, rompe con él e inicia con Isaac un romance "provisional".
Un romántico amanecer en el que se recortan las siluetas de Isaac y Mary sentados frente al East River, con la hermosa vista del puente de Brooklyn al fondo.
Isaac y Yale dirimen sus diferentes puntos de vista sobre la complicada situación creada.
Lo cierto es que ninguno de los dos amigos tiene las cosas claras. Tal vez la cobardía
y el egoísmo de ambos tengan mucho que ver.
Volvemos a ver a esta parejita. La ingenua e ilusionada Tracy ignora lo que se "cuece" a su alrededor.
Nuestro locuaz amigo Isaac, inseguro y egocéntrico, salta de una mujer a otra sin decidirse.
Sorprendidos por la lluvia en pleno Central Park, Isaac y Mary corren buscando refugio.
...y acaban encontrándolo en el Museo de Arte Moderno donde, una vez más,
Isaac ironiza con su brillante verborrea.
Isaac y Tracy viendo desde la cama una peli con W.C. Fields, mientras engullen fideos chinos.
Cuando Mary rompe con Isaac, éste tras salir del shock, trata de recuperar a Tracy.
Pero posiblemente ya sea demasiado tarde para continuar rectificando de manera egoísta.
Al final, quizá todos hayan aprendido algo.
COMENTARIO: Volviendo la mirada atrás, si la espléndida "ANNIE HALL" significó un film bisagra entre dos etapas en la carrera de Woody Allen, ese punto de inflexión hacia una mayor gravedad y complejidad en su obra le llevó inmediatamente a la realización de ésta que ahora comentamos y que sin duda, o al menos durante varios años, representó para mí la cumbre de su arte (ahora, contemplando su trayectoria, se me ocurren dos o tres títulos de este autor que estarían, por lo menos, a la misma altura de “MANHATTAN”.
En primer lugar, la película es un sosegado y hermoso poema a la ciudad de Nueva York, una declaración de amor a Manhattan y su fauna “exquisita” que su autor integra con inteligencia y brillantez en esa continuación de su discurso, una diseccionadora y reflexiva mirada, a la vez tierna, sobre el cínico, infantilizado, egoísta, incoherente y asustado hombre enamorado. En esta ocasión, el basculante personaje de Isaac que interpreta Allen, ese efímero guionista de televisión que se mira demasiado el ombligo, está dibujado “a su imagen y semejanza” con abundantes alusiones y referencias a su propia biografía, eso sí, más o menos camufladas. Lógicamente, como precaución para que tanto autor como personaje se hagan querer, recurre a un método consistente en pulir y suavizar posibles aristas, utilizando como herramienta la autoironía. Así vamos descubriendo su miedo a la soledad y al fracaso, mientras comprueba el carácter inestable y evanescente de la relación entre un hombre y una mujer. Y ese repaso se convierte en una continua confrontación –en tembloroso equilibrio– entre pasado y futuro.
La portentosa fotografía en blanco y negro de Gordon Willis (es muy probable que inspirada en las fotografías de Berenice Abbott) materializa una serena, bellísima y muy trabajada puesta en escena, caracterizada por una planificación larga en la que abundan tanto inteli­gentes juegos de plano-contraplano, como "invisibles" travellings antecediendo, siguiendo o acompañando a los personajes, atrapándolos siempre en su punto de vulnerabilidad, por debajo de sus sofisticados parapetos dialécticos. Y la maravillosa música de George Gershwin con su poder evocador y emocional envolviendo adecuada, lujosamente las imágenes de esta obra maestra.

31 de diciembre de 2016

MOBY DICK
(GB-USA) Warner Bros / Moulin Pictures, 1956. 116 min. Color.
Pr: John Huston, Lehman Katz y Jack Clayton. G: Ray Bradbury y John Huston, basado en la novela de Herman Melville. Ft: Oswald Morris y Freddie Francis (2ª Unidad). Mt: Russell Lloyd. DP: Ralph Brinton y Stephen Grimes. EE: Gus Lohman. Vest: Elizabeth Haffenden. Ms: Philip Sainton. Dr: John Huston.
Int: Gregory Peck, Richard Basehart, Leo Genn, Orson Welles, Harry Andrews, James Robertson Justice, Bernard Miles, Friedrich Ledebur, Edric Connor, Mervyn Johns, Joseph Tomelty, Royal Dano, Seamus Kelly, Francis de Wolf, Tamba Allenby, Tom Clegg.
El narrador de nuestra historia se llama Ismael, un joven que llega a New Bedford
con la intención de embarcarse como marino en un barco ballenero.
En la taberna del puerto, Ismael (Richard Basehart) entabla una conversación
con el 
"amigable" Stubb (Harry Andrews).
Antes de embarcar, el ilusionado Ismael asiste a un oficio religioso en la iglesia del pueblo.
Desde un púlpito que simula la proa de un barco, el Padre Mapple (Orson Welles) con su impresionante aspecto da un sermón preparatorio a los que se disponen a hacerse a la mar.
En la víspera de su embarque, Ismael se lleva un buen susto cuando descubre que su compañero de cama en la posada es un tatuado aborigen llamado Queequeg (Friedrich Ledebur), experto arponero.
Ismael y Queequeg frente al Pequod, el barco ballenero en el que han de embarcar. 
Inscribiéndose como miembros de la tripulación antes de subir al barco.
El segundo de a bordo en el Pequod es Starbuck (Leo Genn).
 Le vemos en el momento de despedirse de su familia.
Este tipo es el agorero Elijah (Royal Dano) que en el momento de soltar amarras predice la mala suerte que correrán todos los embarcados en el Pequod.
Queequeg es muy supersticioso y en un momento dado se convence de que, efectivamente, todos los tripulantes de ese barco están condenados. Le miran atemorizados Ismael y el carpintero (Noel Purcell).
Este es Daggoo (Edric Connors), un bregado arponero.
Aquí tenemos en cubierta a Tashtego (Tom Clegg), a punto de conocer al capitán
de esa nave quien hasta ahora había permanecido oculto en su camarote.
SINOPSIS: En el año 1814, un joven marino llamado Ismael llega a New Bedford, corazón de la industria ballenera de Nueva Inglaterra y se embarca en el Pequod, barco ballenero cuyo capitán, Ahab, está obsesionado con dar caza a una gran ballena blanca conocida como Moby Dick, que en el pasado le arrancó una pierna.
Por fin aparece la amenazadora figura de Ahab (Gregory Peck) en el puente de mando.
Las miradas expectantes de todos los miembros de la tripulación ante la presentación del capitán.
Ahab en el camarote aclarando puntos de la ruta con su segundo Starbuck.
Una mezcla de miedo y fascinación obliga a los hombres del Pequod a seguir
a Ahab hasta el mismo infierno si fuera necesario.
En realidad, Ahab no está tan interesado en buscar bancos de ballenas para llenar la bodega de su barco como en dar caza a una ballena blanca en concreto a la que persigue de manera obsesiva desde hace años.
Starbuck comienza a inquietarse al ser consciente de la vengativa obsesión de su capitán.
El razonable Starbuck trata de convencer a Ahab de que el interés y el motivo de ese viaje es cazar ballenas y volver a puerto con la mayor carga posible.
Las cosas comienzan a ponerse feas ante la demencial actitud del capitán, empeñado en perseguir y matar a Moby Dick, la ballena blanca que una vez le arrancó una pierna.
Esta imagen corresponde a los tonos de color que deseaba Huston para su película.
Finalmente, aparece la gigantesca ballena blanca que obsesiona a Ahab.
Atrapado entre las cuerdas, Ahab hunde con saña su arpón una y otra vez
en las entrañas de Moby Dick.
La enorme ballena herida, en su último ataque y con el cadáver de Ahab sujeto a ella, arremete contra la nave que tan tenazmente la ha perseguido.
COMENTARIO: La filmografía de John Huston es en apariencia tan zigzagueante que a poco que nos despistemos acabamos divagando cuando tratamos de establecer una hilazón entre un título y el siguiente. En cualquier caso, estamos ante el que fue un narrador apasionante que a lo largo de su carrera fue evolucionando sin dejar de ser él mismo. Un tío al que le gustaba la aventura, la búsqueda, es decir, vivía y bebía la vida del mismo modo que el whisky, paladeándola y enguyéndola; creo que (al contrario que Truffaut) la anteponía al propio cine y es muy posible que quienes le conocieron, se lo pasaron mejor con él que viendo sus películas.
Especialmente interesado en los “perdedores”, dio forma con sus imágenes a los conflictos que genera la naturaleza humana a través de las historias que nos contó y de los hombres y mujeres que las protagonizaron, criaturas que venían a darnos una nueva concepción del héroe cinematográfico. En ocasiones, como una paradoja, a través de esas derrotas el héroe hustoniano si no obtenía lo que le había empujado a la aventura y por lo que había luchado, sí conseguía afianzar su propia identidad, que posiblemente fuera, a la postre, lo único que de manera inconsciente andaba buscando. Esto queda especialmente claro en las películas que rodó con Humphrey Bogart. Pero centrémonos en el título que ahora nos ocupa y analicemos brevemente “MOBY DICK”.
Adaptar al cine la novela de Herman Melville fue un viejo proyecto de John Huston que ya quiso rodar a mediados de los años cuarenta con su padre Walter de protagonista. Una década después pudo finalmente afrontar su rodaje, eso sí, con el condicionamiento de la presencia de una estrella en el reparto. En cualquier caso, la arriesgada elección de Gregory Peck para incorporar al capitán Ahab se vió recompensada con una esforzada pero excelente composición del actor. El guión de Ray Bradbury, en el que también intervino el propio Huston, fue una encomiable condensación (que no simplificación) del libro de Melville al que, no obstante, en su paso a la pantalla se le “voltearon” las connotaciones religiosas, obteniéndose así un enfoque más bien ateo (y blasfemo para algunos) del desafian­te enfrentamiento del mortal Ahab con la deidad-ballena blanca.
Un film apasionante de acción y aventuras, de poderosas imágenes, en el que el director, como era su tendencia, quiso experimentar con el color (ya lo había intentado con “MOULIN ROUGE” y vol­vería a hacerlo de manera aún más radical en “REFLEJOS EN UN OJO DORADO”), empeño en el que, por miedo a que los resultados fueran rechazados por el público, siempre fue traicionado por productoras y laboratorios.